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julio 8, 2026

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Eran las tres de la mañana y mi hijo menor, con seis meses recién cumplidos, llevaba cuarenta minutos prendido a la teta como si no hubiera un mañana. Yo estaba sentada en el borde de la cama, con la espalda apoyada contra la pared, el termo ya frío a un lado y el celu en la mano anotando todo porque el sueño me borra la cabeza. En esa noche eterna, mientras él succionaba con los ojos cerrados, me acordé de mi abuela Delia. Ella crió a medio barrio en Rosario y siempre decía: ‘Criá al que tenés, no al del libro’. Esa noche entendí que no hay receta que aguante un bebé real. Que cada parto, cada lactancia, cada llanto viene con su propio manual, y viene en blanco.

Por eso cuando leí la noticia de que Mendoza lanza un plan para reducir las cesáreas, algo se me movió adentro. No soy médica, soy puericultora y mamá de dos, y sé que el tema parto es uno de esos lugares donde la culpa se instala como una inquilina no deseada. Las cesáreas en Argentina duplican lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud. La OMS dice que la tasa ideal está entre el 10 y el 15% de los nacimientos. Acá estamos muy por encima. Y Mendoza, con esta iniciativa, pone el tema sobre la mesa.

¿Qué está pasando con las cesáreas en Argentina?

Según la información publicada por Radio María Argentina el 26 de diciembre, Mendoza implementa un plan para disminuir la tasa de cesáreas. La fuente es clara: la iniciativa busca alinear las prácticas con las guías internacionales para mejorar la salud materno-infantil. Esto no es un capricho. Las cesáreas innecesarias aumentan riesgos para madres y bebés: más infecciones, más sangrados, más complicaciones respiratorias en el recién nacido, más dificultades para iniciar la lactancia. Y ojo, no estoy demonizando la cesárea. Hay cesáreas necesarias, que salvan vidas. El problema es cuando se hace por inercia, por conveniencia del sistema o por falta de información.

La pregunta que muchas se hacen es: ¿esto me afecta a mí, que vivo en Rosario, en Córdoba, en el conurbano? Sí. Porque si Mendoza logra bajar sus tasas, puede ser un modelo para todo el país. Y porque el tema nos atraviesa a todas, hayamos parido por parto vaginal o por cesárea. No se trata de competir entre madres, que bastante tenemos con la culpa que nos venden. Se trata de que cada una pueda elegir con información real, sin miedo y sin presión.

¿Por qué pasan tantas cesáreas?

Acá va una opinión que capaz a alguien le molesta: muchas veces no es la mamá la que pide la cesárea. Es el sistema. Los tiempos de los hospitales, la falta de acompañamiento durante el trabajo de parto, el miedo a una demanda si algo sale mal, la comodidad de programar un nacimiento. Y la mamá termina escuchando: ‘No dilatás’, ‘El bebé es muy grande’, ‘Ya pasaron tantas horas’. Sin que nadie le explique que el trabajo de parto tiene sus tiempos, que no es una carrera, que el cuerpo sabe, aunque a veces necesite ayuda.

Mi abuela Delia tenía una caja de lata con recetas y anotaciones de crianza escritas a mano. Cuando no sé qué hacer, la abro. Ahí no hay estadísticas, pero hay una sabiduría que dice: ‘Acompañá, no apures’. Eso aplica al parto también.

¿Qué podés hacer si estás embarazada o pensás estarlo?

No soy quién para darte un plan de parto rígido. Pero desde mi experiencia como puericultora y mamá, te tiro algunas ideas que a mí me sirvieron y que veo que ayudan a otras:

1. Informate con fuentes serias

No te quedes solo con lo que te dice la vecina o lo que leíste en un grupo de WhatsApp. Buscá guías de la OMS, hablá con obstetras que respeten los tiempos del parto, preguntá en tu obra social qué cobertura tenés para acompañamiento. La información es poder, pero tiene que ser información verificable.

2. Armá un plan de parto flexible

Anotá lo que te gustaría, pero entendé que el parto es imprevisible. Un plan de parto no es una exigencia, es una carta de presentación: ‘A mí me gustaría intentar esto, pero sé que si hay riesgo, confío en vos, profesional’. Eso baja la ansiedad de todos.

3. Buscá acompañamiento continuo

Está demostrado que tener una doula, una partera o una acompañante de parto reduce las cesáreas innecesarias. No es un lujo, es una herramienta. Si no podés pagarlo, fijate si en tu hospital público hay programas de acompañamiento. En Rosario, por ejemplo, hay experiencias muy lindas.

4. Preguntá, preguntá, preguntá

Cuando te digan ‘Hay que hacer una cesárea’, preguntá: ¿es urgente? ¿Podemos esperar un poco más? ¿Cuáles son los riesgos reales para mí y para el bebé si esperamos? Un médico que responde con paciencia es un médico que respeta tu derecho a decidir.

5. Soltá la culpa

Pase lo que pase, no te castigues. Si terminás en cesárea, no fracasaste. Si tuviste parto vaginal, no sos más mamá que otra. La culpa no amamanta ni hace dormir a nadie. A tu bebé lo conocés vos, no el folleto.

Preguntas que me llegan siempre

¿Todas las cesáreas son malas?

No. Hay cesáreas que salvan vidas. Cuando hay sufrimiento fetal, placenta previa, posición transversa o una emergencia, la cesárea es necesaria. El problema son las que se hacen sin indicación médica real, solo por conveniencia o falta de paciencia.

¿El plan de Mendoza va a cambiar algo?

Si se implementa bien, sí. Pero ojo, no alcanza con una resolución. Hace falta capacitación, recursos, y sobre todo, cambiar la cultura médica y la de las propias familias. Es un proceso largo, pero empezar es lo importante.

¿Qué puedo hacer si en mi ciudad no hay este tipo de planes?

Organizate con otras mamás. Preguntá en los centros de salud, en las obras sociales, en los hospitales públicos. A veces las iniciativas nacen de la demanda de las familias. Y si no, buscá profesionales que trabajen con parto respetado, los hay en todo el país.

¿Es verdad que la cesárea afecta la lactancia?

Puede retrasar el inicio, porque el cuerpo tarda un poco más en producir leche después de una cirugía, y porque el dolor y la medicación interfieren. Pero con apoyo, paciencia y mucha piel con piel, se puede. No es una sentencia.

Mi primera cesárea fue por emergencia. ¿La segunda puede ser vaginal?

Sí, se llama parto vaginal después de cesárea (PVDC). No todos los hospitales lo ofrecen, pero es posible. Necesitás un equipo que te acompañe y un control estricto. Consultá con tu obstetra y averiguá en tu centro de salud si tienen experiencia en esto.

Sin culpa

Mendoza dio un paso. Ojalá otras provincias lo sigan. Pero mientras tanto, vos hacé lo que puedas con lo que tenés. No tenés que poder con todo. No tenés que saber de estadísticas ni de planes provinciales. Lo único que necesitás es confiar en tu instinto y rodearte de gente que te respete. Como decía mi abuela Delia: ‘Criá al que tenés, no al del libro’. Y parí al que tenés, no al del manual. Soltá esa culpa, que no te sirve.

Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta médica. Ante cualquier duda o síntoma, consultá a tu médico o profesional de la salud.

Romina Ferreyra
Escrito por Romina Ferreyra

Mamá de dos y puericultora de trinchera. Escribo sobre crianza real, sin culpa ni recetas mágicas. Voz editorial de Bebés en Familia, con asistencia de IA. Contenido informativo, no reemplaza la consulta médica.

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