Por Romina Ferreyra, puericultora rosarina y mamá de dos
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Me acuerdo de una noche, hace años, con mi primera hija. Ella lloraba, yo lloraba, el reloj marcaba las tres de la mañana y yo pensaba que algo estaba haciendo mal. No sabía que ese llanto desconsolado, esos temblores que a veces le agarraban, tenían nombre. Pero no era mi caso. Era otra historia, otra mamá, otro bebé.
Hoy leo el informe de ANCCoM (Sociales UBA) y me agarra un nudo en la garganta. Porque lo que antes era un fenómeno excepcional en las maternidades públicas argentinas, hoy es frecuente. Y el sistema, dicen desde la universidad, llega tarde. No es un problema de una mamá que “no pudo”. Es un problema de salud pública que nos interpela a todos.
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¿Qué está pasando con los bebés que nacen con abstinencia?
El síndrome de abstinencia neonatal (SAN) ocurre cuando un bebé que estuvo expuesto a sustancias durante el embarazo —opioides, benzodiacepinas, alcohol, entre otras— nace y de repente se queda sin esa sustancia. El cuerpo del bebé, que se adaptó a recibirla, entra en un estado de abstinencia. Y eso se traduce en llanto inconsolable, temblores, dificultad para succionar, problemas para dormir, fiebre, vómitos.
No es un bebé “malcriado”. No es una mamá que “no lo sabe calmar”. Es un cuadro médico que requiere atención especializada.
El informe de ANCCoM señala que en las maternidades del sistema público de salud argentino, los casos son cada vez más frecuentes, pero el sistema de atención llega tarde. ¿Qué significa “llega tarde”? Que no hay protocolos unificados, que falta capacitación del personal, que los recursos son escasos y que muchas veces el diagnóstico se demora. Y en ese tiempo, el bebé y la mamá sufren solos.
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La trinchera real de la crianza
Yo laburo con mamás todos los días. Las veo llegar a los consultorios con los ojos rojos de no dormir, con la culpa a cuestas, pensando que el llanto de su bebé es su culpa. Y cuando hay abstinencia neonatal de por medio, esa culpa se multiplica. Porque la sociedad señala: “mirá lo que hizo”, “ella se drogó”, “el bebé paga las consecuencias”.
Y sí, hay una responsabilidad. Pero también hay una historia atrás. Muchas de estas mamás son mujeres que atravesaron consumos en contextos de violencia, de pobreza, de falta de acceso a la salud. No es justificar. Es entender que la solución no pasa por señalar, sino por acompañar.
Aprendí de mi abuela Delia, que crió a medio barrio en Rosario, que “criás al que tenés, no al del libro”. Y acá el libro no sirve. Cada bebé con abstinencia es distinto. Algunos necesitan más contención física, otros más silencio, otros menos estímulos. No hay receta mágica.
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¿Qué se puede hacer? Pasos concretos desde la trinchera
1. Reconocer que el problema existe
No es tabú. No es “cosa de otras”. En las maternidades públicas argentinas, cada vez hay más casos. Negarlo no ayuda a nadie. El primer paso es hablar del tema sin estigmatizar a la mamá ni al bebé.
2. Exigir protocolos claros en las maternidades
El informe de ANCCoM lo dice claro: el sistema llega tarde. Hacen falta protocolos de detección temprana, escalas de valoración del SAN (como la escala de Finnegan), y personal capacitado para aplicarlos. No es caro: es voluntad política.
3. Capacitar al personal de salud
No alcanza con que un neonatólogo sepa. Tiene que saberlo la enfermera, la puericultora, el pediatra de sala. Porque muchas veces los síntomas se confunden con cólicos, con reflujo, con “bebé inquieto”. Y se pierde tiempo valioso.
4. Acompañar a la mamá sin juzgar
La mamá de un bebé con abstinencia necesita contención, no un sermón. Necesita que alguien le explique qué está pasando, cómo calmar a su bebé, que no está sola. Muchas veces son mamás que también están en tratamiento o en proceso de recuperación. Si las echamos del sistema, las dejamos solas con su bebé y el problema se agrava.
5. Fomentar el contacto piel con piel y la lactancia cuando sea posible
El contacto piel con piel, el porteo, la succión no nutritiva, la lactancia materna (si la mamá está estable y no hay contraindicaciones médicas) son herramientas que ayudan a calmar al bebé. No reemplazan el tratamiento médico, pero son un gran complemento.
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Preguntas que me hacen las mamás
¿Mi bebé va a tener secuelas por el síndrome de abstinencia neonatal?
Depende de muchos factores: la sustancia, el tiempo de exposición, el tratamiento recibido. Muchos bebés se recuperan completamente con el acompañamiento adecuado. Pero es importante el seguimiento pediátrico y neurológico a largo plazo. No hay una respuesta única.
¿Puedo amamantar si estoy en tratamiento de recuperación?
Depende del tipo de tratamiento y de la sustancia. Algunos medicamentos de reemplazo (como la metadona) son compatibles con la lactancia bajo supervisión médica. Otros no. La decisión la tiene que tomar el equipo de salud que te sigue, evaluando riesgo-beneficio. No es automático ni prohibido.
¿Cómo calmar a mi bebé si no para de llorar?
Probá con contacto piel con piel, envolverlo suavemente, mecerlo con movimientos lentos, reducir los estímulos (luces, ruidos), ofrecerle el pecho o chupete. Pero si el llanto es muy intenso o hay temblores, consultá urgente. No es “mimo”, es médico.
¿El síndrome de abstinencia neonatal es lo mismo que el síndrome alcohólico fetal?
No. El síndrome de abstinencia neonatal es la reacción del bebé al dejar de recibir una sustancia a la que estuvo expuesto. El síndrome alcohólico fetal es un conjunto de malformaciones y alteraciones causadas por el alcohol durante el embarazo. Son dos cosas distintas.
¿Dónde puedo pedir ayuda si creo que mi bebé tiene síntomas?
En la maternidad pública donde naciste, en el hospital de tu zona, o llamando a la línea de salud materno-infantil de tu provincia. No esperes a que “se le pase solo”. Si ves temblores, llanto inconsolable, dificultad para succionar, consultá.
¿Tengo que decirle al médico si consumí algo durante el embarazo?
Es difícil, lo sé. Da miedo el juicio, el miedo a que te saquen al bebé. Pero si no lo decís, el equipo de salud no puede diagnosticar ni tratar bien a tu hijo. Buscá un profesional que te genere confianza. No estás obligada a contar todo, pero si hay síntomas, la información ayuda a tu bebé.
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Sin culpa
Ninguna mamá tiene que poder con todo. Y menos cuando el sistema no la acompaña. Soltá esa culpa, que no te sirve. A tu bebé lo conocés vos, no el folleto. Pero también necesitás que el sistema esté a la altura.
El informe de ANCCoM es una alerta. No es para asustarnos, es para que nos movamos. Para que pidamos maternidades con protocolos, con personal capacitado, con mirada humana. Porque esos bebés no son “casos”. Son hijos de alguien. Y merecen llegar a este mundo con el mejor recibimiento posible.
Fuente consultada: ANCCoM (Sociales UBA) – https://anccom.sociales.uba.ar/2025/12/03/bebes-con-abstinencia-un-sistema-que-llega-tarde/
Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta médica. Ante cualquier duda o síntoma, consultá a tu médico o profesional de la salud.
