Por Carla Surace, obstétrica
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La primera vez que atendí un parto de una nena de catorce años fue en el Hospital San Martín de La Plata. Tenía la mochila del secundario apoyada contra la pared, como si en cualquier momento fuera a salir corriendo al recreo. Su mamá, que debía tener treinta y pico, estaba en la silla de acompañante con la mirada perdida. Nadie hablaba del dolor físico; el silencio pesaba más que cualquier contracción.
Esa noche, mientras tomaba mate cocido en la guardia, me acordé de Doña Amanda. Ella decía: ‘A la mamá se la escucha con las manos quietas’. Pero esa nena no era mamá. Era una nena. Y ahí entendí que mi trabajo no empieza cuando la persona está en la sala de parto, sino mucho antes, en la conversación que nadie quiere tener.
Hace unos días, Amnistía Internacional publicó un informe que confirma lo que vemos en las salas de parto de todo el país: cada hora, 5 niñas y adolescentes tienen un hijo en Argentina. Son 120 por día, más de 43.000 por año. No son números fríos: son pibas que dejan la escuela, cuerpos que no terminaron de desarrollarse, familias que no saben cómo sostener lo que pasa.
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La pregunta que nadie quiere hacer
¿Por qué sigue pasando esto si existe educación sexual?
Mirá, acá va lo que no viene en los folletos del consultorio: tener información no es lo mismo que tener acceso. El Plan ENIA (Educación Sexual Integral y Salud Reproductiva para Adolescentes) es, según Amnistía Internacional, una política pública clave que logró reducir la tasa de fecundidad adolescente. Pero cuando un gobierno lo desfinancia, los resultados no tardan en aparecer.
Y no es solo plata. Es que una piba de quince años que vive en un barrio sin transporte público, sin centro de salud cerca, sin una adulta que la acompañe a pedir un anticonceptivo, no tiene ‘acceso’ a nada. Tiene un cartelito que dice ‘podés prevenir’, pero ningún camino para llegar hasta ahí.
El dato de Amnistía Internacional no es una estadística más. Es una alerta sobre cómo la falta de políticas sostenidas en el tiempo impacta directamente en la salud materno-infantil. Porque una adolescente embarazada tiene más riesgo de parto prematuro, de anemia, de complicaciones durante el trabajo de parto. Y su bebé tiene más chances de nacer con bajo peso.
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Lo que aprendí en veinte años de guardia
Si vos estás leyendo esto y sos mamá primeriza, o conocés a una adolescente embarazada, quiero que te quedes con cinco cosas que no te van a decir en la primera consulta:
1. El cuerpo de una adolescente no es el cuerpo de una adulta
No es un juicio moral, es anatomía. La pelvis de una nena de catorce años todavía está en desarrollo. Eso no significa que no pueda tener un parto vaginal, pero sí que hay que estar más atentas a ciertas señales. No hay premio por sufrir de más, y tampoco por ‘demostrar’ que se puede.
2. El Plan ENIA existe y funciona cuando se aplica
Amnistía Internacional lo dice claro: esta política pública logró que muchas pibas accedieran a anticonceptivos y consejería. Si escuchás que ‘no sirve’, preguntate quién lo dice y con qué datos. Eso que leíste, ¿quién lo firma?
3. El miedo no es una mala consejera, pero el silencio sí
Muchas adolescentes no hablan del embarazo por miedo al rechazo de la familia, a la expulsión de la escuela, al juicio del barrio. Ese silencio las deja solas en el momento más riesgoso. Si conocés a una piba en esta situación, lo mejor que podés hacer es escuchar sin juzgar.
4. La decisión informada no es un lujo, es un derecho
Que una nena sepa que puede interrumpir un embarazo, que puede continuarlo, que puede darlo en adopción, que puede criarlo. Cada opción tiene sus tiempos, sus requisitos, sus complejidades. Pero ninguna opción existe si no se conoce.
5. El parto respetado también es para las adolescentes
A veces se asume que una piba ‘no sabe lo que quiere’ o que ‘no puede decidir’. Y sí, necesita acompañamiento, pero también necesita que le pregunten, que le expliquen, que le pidan permiso antes de hacerle un tacto. El respeto no tiene edad.
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Preguntas que me hacen en el consultorio
¿Es verdad que las adolescentes tienen partos más difíciles?
No necesariamente más difíciles, pero sí con más factores de riesgo. El cuerpo en desarrollo, la falta de controles prenatales, la desnutrición o la anemia son más frecuentes. La clave está en el acompañamiento temprano, no en asustar a la piba con lo peor que podría pasar.
¿El Plan ENIA sigue vigente?
Según Amnistía Internacional, el plan existe pero su implementación depende de cada provincia y del presupuesto que se le asigne. Cuando se desfinancia, las tasas de embarazo adolescente vuelven a subir. Es un dato verificable: cada hora, 5 niñas y adolescentes tienen un hijo en Argentina. Eso no baja solo.
¿Qué hago si mi hija de quince años me dice que está embarazada?
Lo primero: respirá. Después, acompañala a un centro de salud donde le den información completa sobre todas las opciones. No tomes decisiones por ella, pero no la dejes sola. El silencio y el grito duelen igual. Lo que necesita es una adulta que la sostenga, no que la sentencie.
¿Se puede prevenir el embarazo adolescente con solo educación sexual?
No. La educación sexual es necesaria pero no suficiente. Se necesita acceso gratuito a anticonceptivos, consejería, centros de salud cercanos, transporte, y que las escuelas no expulsen a las pibas embarazadas. Es un combo, no una píldora mágica.
¿El parto respetado aplica también para las adolescentes?
Sí, y es aún más importante. Una adolescente tiene derecho a elegir quién la acompaña, a que le expliquen cada procedimiento, a que no le hagan nada sin su consentimiento. Muchas veces se asume que ‘como es chica, no entiende’. Y entiende, solo que tiene miedo. Mi trabajo es bajarle la ansiedad, no aumentarla.
¿Qué pasa si la nena no quiere tener el bebé?
En Argentina, la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) es legal hasta la semana 14. Para las adolescentes, aplica igual, con la diferencia de que necesitan acompañamiento de una persona adulta de confianza, no necesariamente los padres. Cada hospital público tiene un protocolo. Lo importante es que sepa que existe esa opción y que acceda a información clara, sin mentiras ni amenazas.
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Lo que sí dice la evidencia
Que el embarazo adolescente no es un problema de ‘chicas que se descuidan’. Es un problema de políticas públicas que se cortan, de escuelas que expulsan, de centros de salud que cierran, de familias que no hablan. El dato de Amnistía Internacional no es para asustarte: es para que sepas que esto pasa todos los días, mientras tomamos mate, mientras miramos el celular, mientras pensamos que ‘a nosotros no nos toca’.
Respirá. Tu cuerpo sabe. Pero también saben los números. Y los números dicen que cada hora, cinco pibas argentinas se convierten en madres sin haber dejado de ser niñas.
Eso no es destino. Es falta de decisión política. Y mientras tanto, en las salas de parto, seguimos recibiendo a esas pibas con la mochila del secundario apoyada contra la pared.
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Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta médica. Ante cualquier duda o síntoma, consultá a tu médico o profesional de la salud de confianza.
Fuente consultada: Amnistía Internacional Argentina. ‘Niñas, no madres: cada hora, 5 niñas y adolescentes tienen un hijo en la Argentina’. Publicado el 4 de septiembre de 2024. Disponible en: https://amnistia.org.ar/noticias/ninas-no-madres-cada-hora-5-ninas-y-adolescentes-tienen-un-hijo-en-la-argentina
